Dioses en resistencia

Mis à jour : févr 29

del esplendor al olvido 

Chamula : Pueblo indigena de los altos de Chiapas, Mexico, en lucha por su identidad.


Al pueblo han llegado nuevas formas de adoctrinamiento. Las noches se transforman en burdel, guarida de jóvenes adictos al alcohol y cocaína. Los manantiales se evaporan, desaparecen. Las voces de los ancianos se van quedando sin puerto.

El kaxlan o mestizo se enorgullece de la cultura prehispánica e ignora el tiempo presente de los pueblos originarios.

Aquí las viviendas comienzan a levantarse desde el suelo queriendo escalar el cielo. Los espacios se reducen, los árboles estorban. Las casas de adobe y techos de paja han desaparecido. El paisaje se transforma con rapidez. Quien haya visitado Chamula en los 90’s puede ser testigo del caos-progreso suscitado en estas casi tres décadas. Y es que lejos ha quedado aquella imagen de campos repletos de milpa, de árboles frutales, de la tranquilidad de los peatones para caminar por las calles.


Lo que se mantiene en pie blanca y orgullosa es la Iglesia del municipio. Principal atractivo para los turistas que visitan el pueblo de los que algunos quedan maravillados y otros, con la mirada estupefacta califican los actos de curación que se llevan a cabo dentro del templo como actos de brujería.


Y es que en México las Iglesias católicas ubicadas en comunidades indígenas han sido transformadas en lugares pulcros y ordenados.


Chamula insiste en reafirmar su identidad. Es un pueblo orgulloso de su lengua y cultura. En los hogares, calles y mercados la lengua oficial que se habla y transmite a los hijos es el Bats’i k’op o Tsotsil.


" Son las ofrendas, la creencia en los sueños lo que nos distingue

de los habitantes de la ciudad "


A pesar de la cercanía con la ciudad la vestimenta se conserva, y son las mujeres que en su uso cotidiano la portan con vanidad. Las fiestas patronales son motivo para lucir la mejor prenda de lana y nuevos diseños en el bordado de las blusas. Curiosamente, la blusa femenina es confeccionada por hombres, ellos se aventuran a proponer colores y texturas en las telas.

Para vivir en armonía el hombre es el encargado de mantener las reglas y el orden, no como un menosprecio a la capacidad femenina. Si no para facilitar en tiempos de conflictos sociales y servicios comunitarios labores que para una mujer podrían ser peligrosos y agotadores



En este sentido la vida en comunidad y la tradición oral propias de las comunidades indígenas es el vínculo esencial para mantener viva la lengua, cosmogonía y tradiciones. Y es la mujer la encargada de transmitir o tergiversar los conocimientos ancestrales. No hay veneración al agua si esta no se transmite y convoque a que se guarde como un bien sagrado. Son las ofrendas, la creencia en los sueños lo que nos distingue de los habitantes de la ciudad. En este sitio el agua tiene dueño, el fuego puede sentir nuestra rabia y angustia, y la tierra quedarse con una parte de nuestra alma.


"Ayudaran a que los extranjeros dejen de mirar nuestras expresiones como un folklor"



No obstante, el discurso de fuera dice a los pobladores de la comunidad que es necesario progresar, aumentar el nivel de bienestar humano. Pavimentar las calles, acceder a internet. Poseer teléfonos, autos y refrigeradores son los índices para medir cuánto hemos avanzado. En este devenir se trastocan conocimientos. Y con paso firme los nuevos estilos de vida para lograr el bienestar nos alejan de las enseñanzas de los mayores.


Por qué referir entonces el progreso como un caos. A Chamula y al igual que en otras comunidades originarias del país. La “novedad” llega de golpe. Los jóvenes y adultos, hombres y mujeres quieren calzar converse, estar en las redes sociales, drogarse, tener un video pornográfico y perseguir el sueño americano, ir al Norte. Los valores se van desahuciando. Mi abuelo de 95 años de edad, dice : “que somos una generación que ha perdido el valor del trabajo, el respeto a los mayores y el conocimiento para leer la naturaleza”.

La novedad que nos llega son los despojos que la cultura occidental no quiere. Una montaña de basura, de vasos térmicos. De químicos que contaminan la tierra. De alimentos que dañan nuestra salud. De formas de pensar que fragmentan la unidad comunitaria. Hace falta que la novedad nos llegue con soluciones a los problemas acaecidos por ella.


Hace falta valorar los conocimientos que los pueblos originarios pueden ofrecer a otras culturas. Construir puentes lingüisticos, de conocimientos y de arte. Ayudaran a que los extranjeros dejen de mirar nuestras expresiones como un folklor.


Enriqueta Lunez, escritora de la comunidad

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